🌿 Mi Camino: cómo comenzó todo
A veces el Camino aparece en tu vida sin avisar. En mi caso, fue el año 2000 cuando, en el tablón de anuncios de un gimnasio, vi un pequeño cartel que invitaba a caminar desde Astorga hasta Santiago siguiendo el Camino Francés. Me apunté sin pensarlo demasiado. Aquella primera experiencia no fue perfecta: la falta de información me llevó a abandonar en la cuarta etapa.
Pero lejos de desanimarme, despertó algo dentro de mí. Supe que necesitaba volver… solo que esta vez, bien preparado. Al año siguiente repetí el Camino y lo disfruté intensamente; aunque ya entonces se intuía que iba a llegar a él una masificación que algunos peregrinos conocen bien.
Buscando algo más auténtico, más íntimo, más mío, comencé a investigar variantes a ese camino. Y fue en 2004, aprovechando un viaje de trabajo, cuando decidí lanzarme al Camino Primitivo. Organicé mis etapas a partir de lo que encontraba en la red y, por circunstancias, inicié mi ruta en Salas.
Recuerdo ese primer día con absoluta claridad: los primeros kilómetros con el río a la derecha, el sonido del agua desplazándose por la ladera… Supe desde el primer instante que este era mi Camino.
🍷 Primeras huellas de un camino diferente
La llegada a Tineo, mi primer fin de etapa, también quedó grabada en mí. Tras asearme, salí a descubrir el pueblo y acabé tomando un vino local, tan mineral que me pareció estar degustando pizarra. Ese detalle, pequeño e inesperado, se convirtió en un recuerdo imborrable, símbolo de la autenticidad que diferencia al Primitivo.
Desde entonces, comprendí algo esencial: en este Camino te sientes parte de él. No eres un visitante que pasa; formas parte de sus montañas, de su historia, de su silencio y de las personas que encuentras en cada jornada. Incluso los momentos más duros —cansancio extremo, desniveles exigentes— los guardo como parte de su esencia. Nada sobra.
🌀 Lo que el Primitivo me enseñó
Con los años, y después de recorrer esta ruta trece veces, entendí que el Camino Primitivo es como una vida en pequeño: un espacio donde poner en práctica lo aprendido, donde observarte con sinceridad, donde descubrir que tus límites son más mentales que físicos.
Aprendí que cualquiera puede hacerlo si lo afronta con realismo, escuchando el propio cuerpo, respetando los propios ritmos y aceptando los apoyos necesarios. Aprendí que no existe una variante “más bonita”, sino caminos distintos, cada uno con sus matices.
Y comprendí algo más profundo: cada vez que vuelvo, encuentro algo nuevo, y aprendo algo nuevo. Aunque las montañas, los bosques y las aldeas sean los mismos, aparece una nueva posibilidad, una variante. El Camino cambia… porque tú cambias.
🟡 Por qué quiero compartirlo
Después de tantos años caminando por estas sendas, sentí la necesidad de crear un espacio donde reunir todo lo que el Primitivo me ha regalado: emociones, paisajes, aprendizajes, encuentros y también consejos prácticos que pueden ayudar a otros peregrinos a elegir su propio recorrido.
SOY PRIMITIVO nace de ahí.
De un deseo profundo de compartir un camino que no solo se recorre con los pies, sino también con la memoria, con los sentidos y con el corazón.